A Love Letter to New York




Querida Nueva York,
Durante 20 inolvidables años, fuiste mi patio de juegos, mi laboratorio y mi refugio. En tus vibrantes calles evolucioné de ser una joven ingenua e inexperta, y me transformé en una mujer madura, segura de sí misma, más sabia, curtida por la vida, empática y cómoda en mi propia piel.
Forjé mi carrera contigo, comenzando como paseadora de perros para gente adinerada en el Upper West Side, hasta encontrar mi primer trabajo como guía en las Naciones Unidas, trabajando directamente para Ban Ki‑moon, y finalmente conseguir un empleo que realmente me llena en UNICEF.



.jpg)
Allí, y a lo largo del camino, forjé amistades para toda la vida, mi familia elegida, que hicieron cada momento más interesante y cordial. Compartimos risas, lágrimas e innumerables aventuras, creando un vínculo irrompible que trasciende el tiempo y la distancia.










Tu paisaje global amplió mis perspectivas, agudizó mis habilidades y alimentó mi pasión por generar un impacto y encontrar el propósito de mi vida. Tu diversidad, un caleidoscopio de culturas, ideas y experiencias, abrió mi corazón a la aceptación, la comprensión y la belleza y admiración por la diferencia. Me enseñaste a abrazar el cambio, a adaptarme a la incertidumbre y a encontrar consuelo en la impermanencia de la vida.
Tu dinámica de conocer personas y enamorarse por internet me enseñó resiliencia, autodescubrimiento y el valor de la conexión verdadera. A través de pruebas y errores, descubrí mi propia fortaleza, aprendí a navegar relaciones complejas y, finalmente, encontré a mi compañero de aventuras: un amor que ha sido el ancla de mi vida.


Y no me malinterpretes, sí quise dejarte muchas veces: en esos días de verano calurosos y húmedos, sintiendo la energía intensa de tu desagradable pero igualmente fascinante metro, esquivando montañas de basura acumuladas en las aceras, abrumada por las multitudes, el ruido y los extraños agresivos gritándose entre sí… Así que sí, te dejé por un tiempo y me mudé a los suburbios en busca de más paz y vegetación, aunque no lo suficientemente lejos como para dejar de disfrutar de ti: de tus olores, tu dinamismo y tus infinitas fuentes de estimulación.
Al despedirme, me invade una profunda gratitud por las lecciones, los desafíos y las aventuras vividas. Tu energía vivirá conmigo para siempre, como un recordatorio del crecimiento, la exploración y la transformación que definieron mis dos décadas en ti, ciudad increíble.



Con los ojos cerrados y el corazón abierto, emprendo un nuevo capítulo en esta vida maravillosa.
Nueva York, siempre serás la ciudad que me hizo, una lugar que estará guardará para siempre en mi corazón. Me voy por ahora, pero ten la certeza de que volveré algún día.
Estambul… ¡allá voy!
Noviembre 3, 2024